El 11 de septiembre viajo a Nueva York. La fecha la ha escogido mi acompañante, que no es nada supersticioso.
Además de subir a la terraza del Metropolitan para ver las esculturas de Jeff Koons, y recorrer la ruta que lleva a las distintas cascadas que Olafur Eliasson ha montado por la ciudad (una de ellas cae desde el puente de Brooklyn), el mediodía del domingo lo dedicaré a un brunch en algún restaurante dispuesto a tal efecto en Manhattan, que todavía no he reservado, aunque tengo claro qué pediré: unos huevos Benedict, se me hace la boca agua sólo con imaginarlos.

Supongo que no os cuento nada nuevo si digo que el vocablo que hace referencia a esta costumbre anglosajona es la contracción de breakfast (desayuno) y lunch (almuerzo), y que se practica el fin de semana entre las 11 y las 15 horas.
A la vuelta esperaré al primer domingo de octubre para ir a probar el que anuncia Vonblum (Casp, 75. Barcelona. 93 247 66 46), restaurante, café y tienda en la que venden cosas como estos platos decorados de las diseñadoras de Ahnlund-Karlén.
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